Escala de inteligencia WISC-R

A la hora de consultar artículos del ámbito educativo y/o sanitario a menudo encontramos que están repletos de siglas y conceptos que, a menos que el lector esté familiarizado en ese campo de estudio o posea una formación cualificada, desconoce y, por lo tanto, no llega a acceder al mensaje completo del texto.

El Wisc-R, una de las pruebas de inteligencia más conocidas y empleadas, suele estar presente en la mayoría de los informes o documentos en los que se habla de las capacidades intelectuales y cognitivas de un sujeto. Por este motivo, y con la intención de que las familias o personas interesadas en la materia puedan conocer de qué se trata, el próximo artículo está dirigido a dar unas nociones básicas acerca de esta escala y de su modo de empleo.

Definición

El WISC fue desarrollado en 1949 por David Wechsler como una adaptación de la Escala de Inteligencia de Wechsler para Adultos (WAIS) pero, en este caso, para niños. A partir del WISC fueron surgiendo diferentes versiones revisadas: WISC-R (1974), WISC III (1991) y WISC IV (2003), siendo esta última la versión más utilizada actualmente.

La revisión del WISC, llevada a cabo durante tres años, comenzó con la llamada de atención planteada por los comentarios y críticas de algunos psicólogos con amplia experiencia en la aplicación y valoración del WISC. Así, se comenzaron a preparar nuevos elementos y materiales, al tiempo que se volvieron a reescribir o modificar las instrucciones que se creían incompletas. Finalmente, se probaron todos los cambios propuestos.

Características

El WISC revisado ha sido diseñado y organizado como una prueba de inteligencia general. Se ha consagrado como un instrumento de diagnóstico de gran utilidad; tanto es así que su uso se ha incrementado en los últimos años en las áreas de evaluación educativa y de valoración de aprendizajes o incapacidades.

Es una prueba de inteligencia individual que mide los aspectos cuantitativos y cualitativos de la inteligencia. Su duración es variable (entre 60 y 90 minutos) y su marco de aplicación abarca desde los 6 hasta 16 años.

Organización

Está constituida por 12 sub-escalas, a partir de las cuales se calcula el CI, aunque tan sólo 10 de ellas son consideradas básicas y obligatorias:

PRUEBAS VERBALES:

  • Información: se lee la pregunta, tal y como está redactada, en el orden en el que se indica. Evalúa la información que el sujeto puede adquirir tanto a través de la educación formal (escuela) como informal (ambiente en el que se desenvuelve). Mide el factor g, que es el nivel de conocimientos generales que el sujeto ha captado de forma automática de su entorno.
  • Semejanzas: en esta prueba, todas las preguntas siguen el mismo formato: “¿En qué se parecen un _____ y un ____?”. Las cuatro primeras miden la lógica y las doce siguientes la formación de conceptos verbales. Requiere cierto manejo de conceptos a nivel teórico. Con esta tarea se mide la habilidad para seleccionar y verbalizar las relaciones entre dos conceptos, el pensamiento asociativo y la capacidad de abstracción verbal.
  • Aritmética: para niños de entre 6 y 7 años se utiliza una tarjeta en la que aparecen 12 árboles dibujados; el niño tendrá que contarlos en voz alta, de manera que el examinador pueda oírle. Los niños mayores de 8 años tendrán que resolver una serie de problemas aritméticos sin lápiz ni papel. Con este ejercicio se pone a prueba la capacidad de realizar operaciones básicas, evaluando la habilidad para utilizar conceptos numéricos abstractos, operaciones numéricas y la capacidad de atención y concentración.
  • Vocabulario: para realizarla, se leen las palabras en orden, según la lista que presenta esta prueba, y se pide al niño que explique en cada caso su significado. La longitud de la prueba es de 32 palabras. Mide la capacidad de aprendizaje, almacenamiento de información, riqueza de ideas, memoria, formación de conceptos y desarrollo del lenguaje.
  • Comprensión: el sujeto debe explicar qué haría en determinadas circunstancias o por qué se siguen determinadas prácticas a partir de la pregunta que le hace el examinador. Evalúa el juicio práctico, el sentido común y la adquisición e interiorización de elementos culturales. Requiere de la capacidad para comprender y aplicar correctamente las normativas sociales.

PRUEBAS MANIPULATIVAS:

  • Figuras incompletas: la tarea del sujeto es indicar qué parte de los dibujos presentados es la que falta. Requiere la identificación de objetos y utensilios familiares y el aislamiento de los aspectos esenciales de los no esenciales. Mide la capacidad de observación y diferenciación de detalles, y requiere concentración, atención y organización visual. Por ello, permite detectar problemas de visión.
  • Historietas: el niño tiene que ordenar los dibujos de manera que cuenten una historia con sentido, de forma que demuestre cierto dominio sobre la ubicación temporal. Evalúa la percepción, la integración visual de una serie de elementos presentados secuencialmente y su síntesis en un conjunto inteligible. Asimismo, mide las capacidades de atención, concentración, sentido común, relaciones causa-efecto, razonamiento y previsión de consecuencias. Esta prueba está constituida por 12 historietas, las cuales van siguiendo un orden progresivo de dificultad.
  • Cubos: el sujeto debe construir con cubos unos dibujos, de complejidad creciente. Esta tarea evalúa la capacidad para analizar, sintetizar y reproducir dibujos geométricos abstractos, mide la coordinación visomotora y requiere visualización espacial.
  • Rompecabezas: la tarea consiste en unir una serie de figuras, que se presentan cortadas en trozos, para formar una figura completa dentro de un tiempo límite. Mide la capacidad para sintetizar un objeto conocido a partir de sus partes. Requiere capacidad de síntesis visual, coordinación visomotora y capacidad para trabajar imaginando lo que está construyendo. Hay que tener en cuenta que para cada figura se proporcionan diferentes tiempos límites dependiendo del nivel de dificultad.
  • Claves: la tarea del sujeto es completar, con los símbolos adecuados, los dibujos o dígitos que se le presentan. Evalúa la destreza viso-motora, el manejo de lápiz y papel y la capacidad de aprendizaje asociativo; mide la rapidez del funcionamiento mental, la memoria inmediata y se le concede gran importancia al factor motor.

Además, encontramos Retención de dígitos (escala verbal) y Laberintos (escala manipulativa). Ninguna de las dos es utilizada para establecer los cuadros de los CI pero ambas se mantienen como  pruebas complementarias para ser aplicadas cuando el tiempo lo permita, o para servir como sustitutas en caso de que alguna de las pruebas que se emplean no pueda ser aplicada de forma conveniente.

En la primera de ellas, Retención de dígitos, la tarea del niño consiste en repetir una serie de dígitos que se le presentan oralmente. De esta manera, se evalúa la memoria auditiva inmediata, la capacidad de atención y la memoria a corta plazo. Cuando finaliza la prueba es importante preguntar al sujeto qué técnica ha utilizado para recordar la serie.

La segunda, Laberintos, consiste en encontrar la salida del laberinto, señalándola con un lápiz. Con este ejercicio, se mide la coordinación visomotora, la rapidez, la exactitud y la capacidad de planeamiento y previsión.

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.