¿Qué es la disfemia?

Tal y como prometíamos ayer en nuestro Facebook, el post de hoy está dedicado a la disfemia. Así que, vamos a ello…

La disfemia o tartamudez es un trastorno de la fluidez (por lo tanto, no es un problema articulatorio) caracterizado por interrupciones frecuentes pero, ante todo, involuntarias e intermitentes –disfluencias– en el curso del habla.

Dar esta definición nos obliga, en primer lugar, a describir qué es la fluidez. Ésta consiste en la habilidad o destreza que un sujeto muestra a la hora de realizar actos motores, de forma que el paso de un movimiento a otro se realiza sin esfuerzo, con agilidad y eficacia. Y éste es precisamente el principal problema de las personas con tartamudez, el tránsito entre movimientos. Pero concretemos un poco más; para que un acto motor sea fluido deben darse cuatro aspectos básicos:

  • Continuidad: es cierto que el habla normal y la conversación están repletas de pausas, interrupciones, frases inacabadas, muletillas… pero esto lo hacemos, normalmente, con una intención comunicativa y todo ello es gramaticalmente correcto.
  • Velocidad: emitimos, aproximadamente, unas 100-150 palabras por minuto. A pesar de que esta velocidad va variando en función de la carga de contenido de la información que transmitimos, es siempre una velocidad mantenida.
  • Ritmo: los acentos a lo largo de la comunicación. En una conversación el ritmo va cambiando, y eso es lo que hace que sea un habla prosódica y natural.
  • Suavidad: grado de tensión muscular, de esfuerzo al realizar los actos motores. En quienes no padecen disfemia, son actos relajados, libres de tensión.

Teniendo esto claro, debemos continuar explicando en qué consisten las mencionadas disfluencias. En general, nuestro habla está repleto de tartamudeos, pausas,… Son las llamadas disfluencias típicas, muy distintas de la tartamudez ya que no son patológicas. Sin embargo, quienes sufren tartamudez protagonizan continuos parones sin intención comunicativa que no son prosódicos sino involuntarios e incontrolables. En estos casos, se trata de disfluencias tipo tartamudez, las cuales sí son patológicas.

Junto a esto, debemos aclarar la diferencia entre tartamudez temprana y tartamudez crónica. Mientras que la tartamudez temprana o infantil hace referencia a la que aparece en los primeros años de la vida, en la tartamudez crónica (o tartamudez establecida) todos los componentes posibles de la tartamudez están presentes. En este último caso, la tartamudez no se rehabilita totalmente ya que los objetivos logopédicos van dirigidos a manejar la tartamudez, no a eliminarla. El paso de una a otra se produce cuando el sujeto toma conciencia y trata de solucionar su problema de habla. Es entonces cuando la tartamudez se agrava, puesto que son todos esos intentos por no tartamudear los que de verdad cronifican la tartamudez y la hacen mucho más evidente para el oyente. Para poder hablar de tartamudez establecida, debemos encontrar la presencia de cinco elementos clave:

  • Tartamudeos (o disfluencias tipo tartamudez): se caracterizan por ser repeticiones intrapalabra (cas-ti-ti-llo). La mayoría de las ocasiones son repeticiones de sílabas, aunque también son frecuentes las prolongaciones (cuuuuuuando) y los bloqueos o pausas tensas. Dichos bloqueos pueden ser sonoros, en los que la tensión impide pasar a la sílaba o palabra siguiente pero hay sonido, o sordos, en los que la excesiva tensión impide que haya sonido.
  • Manifestaciones motoras: balbismo, movimientos asociados a los tartamudeos que muestran la tensión muscular del hablante  (muecas faciales, parpadeos, evitación de la mirada, giros de cuello, espasmos en brazos o piernas, etc.), o sonidos anómalos (respiración ruidosa, silbidos, chasquidos…).
  • Manifestaciones verbales y vocales: bajo volumen de voz, menor intensidad, ritmo monótono,… En este punto, cabe destacar la presencia de circunloquios, a los que se recurre para sustituir palabras problemáticas en las que se bloquean con facilidad.
  • Reacciones emocionales: miedo a tartamudear, especialmente delante de personas desconocidas o de autoridad; evitar actos sociales/comunicativos que requieran el habla, emociones y pensamientos negativos hacia el habla y hacia sí mismo,…
  • Respuestas fisiológicas: alteraciones de la respiración (por ejemplo, arritmias), de la fonación (debido a una excesiva tensión muscular), o de la articulación (descoordinación articulación-fonación).

Como hemos apuntado anteriormente, estas estrategias, a pesar de ser empleadas por el hablante para intentar sortear y disimular la tartamudez, sólo consiguen empeorar el habla y hacer más llamativas las dificultades.

Tras estas líneas, habréis podido comprobar que la mayor parte de las características aquí tratadas están presentes en Alberto de York, personaje protagonista de “El discurso del rey”. En este caso, la ficción ha logrado ser un reflejo bastante fiel de la realidad, de ahí que la película ocupe un lugar destacado entre los largometrajes que han contribuido a un mayor conocimiento de la Logopedia en nuestra sociedad. Esperamos que también este artículo haya ayudado a ello.

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.