Síndrome de Down: características lingüísticas

El lenguaje está alterado en las personas con S.Down pero tienen bastante presentes otros códigos como la gestualización, que no hay que desaprovechar aunque tampoco utilizar de forma exclusiva.

Aunque el desarrollo prelingüístico (balbuceo) es prácticamente normal, emiten más tarde sus primeras palabras (20-24 meses). Su desarrollo del lenguaje se mostrará siempre atrasado respecto a los otros niños de su misma edad sin otras dificultades asociadas.

El ambiente lingüístico se ve al principio empobrecido por el impacto que sufre la familia con la llegada de un niño con Síndrome de Down. Los padres emplean un vocabulario concreto, imperativos y frases cortas; no dan al niño la oportunidad de tomar la iniciativa y le hacen menos preguntas.

Hay un desfase significativo entre el lenguaje comprensivo y expresivo. A nivel comprensivo, el lenguaje se desarrolla paralelamente con el de cualquier otro niño aunque es más lento. Esto repercutirá en las relaciones sociales (menor iniciativa comunicativa, menos contacto ocular con objetos, mecanismos de clasificación y asociación retrasados,…). En ocasiones, al tener otitis de repetición , el nivel comprensivo puede ser menor al no tener una audición adecuada. Sin embargo, con un adecuado lenguaje en su entorno, acompañado de atención temprana, los resultados pueden ser muy positivos.

Hay diversos factores que inciden en una inadecuada expresión:

  • Dificultades respiratorias: capacidad limitada para mantener una respiración adecuada.
  • Trastornos fonatorios: voz ronca, tono grave, timbre monótono,…
  • Déficits auditivos: si oyen mal, reproducen mal.
  • Dificultades articulatorias: problemas para colocar correctamente labios, lengua y carrillos debido a la hipotonía, situación que se ve agravada por el paladar ojival, el babeo, la maloclusión dental y la macroglosia.

A menudo estos problemas van acompañados de tartamudeo, farfulleo o taquilalia. Además, los sujetos con SD suelen hacer uso de los gestos, casi siempre como complemento del lenguaje. Su lenguaje, en definitiva, es más pobre (uso limitado de formas verbales, escasos pronombres, sustituciones, omisiones, vocabulario infantilizado,…).

Al alcanzar la adolescencia, el lenguaje mejora pero éste sigue siendo restrictivo. Con un trabajo y una estimulación constantes pueden llegar a adquirir un nivel lingüístico muy competitivo.

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.