“Belinda”, (1948)

SINOPSIS

 

Este clásico nos trae la vida de Belinda McDonald, una joven sorda que vive en un remoto pueblo de pescadores y ganaderos. Su labor diaria es, por tanto, ayudar en la granja familiar, donde vive junto a su padre y su tía. Su día a día transcurre entre molinos, pajares y terneros, hasta que conoce al doctor Robert Richardson. Éste se dedica en cuerpo y alma a enseñarle la lengua de signos y a tratar de que aprenda la lectura labial pues, hasta el momento, nadie se había preocupado de su educación y permanecía en una completa incomunicación.

A diferencia del médico, todos dudan de la inteligencia de Belinda, por lo que su sordera es a menudo identificada con discapacidad mental. Así, la imagen que transmite de indefensión e inocencia, llevan a uno de los clientes de la familia McDonald, Locky McCormick, a abusar de ella, sabiendo que ésta no podrá pedir ayuda. Tras la cruel violación, la muchacha queda embarazada; cuando la noticia se conoce en el pueblo, las miradas recaen sobre el médico, pues todos sabían de su estrecha relación con Belinda. La presión generada por los rumores, obligan al doctor a trasladarse para impartir su profesión lejos de aquel lugar. La ausencia es aprovechada por los habitantes del pueblo para conspirar contra la joven y decidir que ésta no es apta para hacerse cargo del bebé; una criatura que, ante sus ojos, es tan salvaje e ignorante como su madre. Por eso Locky y su esposa acuden a la casa para arrebatarle al pequeño y ser ellos quienes se queden con su tutela. Belinda, en defensa propia, dispara contra él, matándolo, algo que la llevará a ser juzgada. Finalmente, se prueba su justa inocencia y, junto al doctor, recuperan a su hijo y comienzan una nueva vida.

DESCRIPCIÓN DEL PERSONAJE PRINCIPAL


Belinda es joven, atractiva, con una apariencia frágil e inocente. Es muy inteligente pero la ignorancia de quienes la rodean impide que salgan a la luz sus grandes cualidades. Ese enorme potencial está escondido bajo unas tareas que alimentan escasamente su intelecto e ingenio. Sin embargo, ella se resigna a sus labores en la granja; las realiza de manera totalmente satisfactoria, no comete fallos ni despistes. Es hábil, despierta y no hay detalle que no sepa apreciar. Tiene una sensibilidad especial, tanta que suele interpretar algunas de sus extrañas sensaciones como acciones que están teniendo lugar aunque ella no las vea y, efectivamente, ocurren tal y como presiente.

Aunque asume su trabajo con conformidad, Belinda no es feliz, algo que cambia por completo cuando conoce al médico Richardson. Cuando éste se empeña en enseñarle el lenguaje de signos, al saber que posee brillantes aptitudes para lograrlo, el rostro de Belinda se transforma, convirtiéndose en una cara sonriente que demuestra la alegría de comprender el significado de aquello cuanto la rodea y que, hasta ahora, le había sido desconocido. Sus ganas de aprender son contagiosas y dan testimonio de ese espíritu inquieto que le lleva a investigar todo lo que está a su alcance. Seguramente por este motivo, logra adquirir con tanta rapidez y facilidad el conocimiento del sistema signado, así como la lectura y la escritura. Sabe emplear el resto de sus sentidos intactos y muestra un genuino interés por los colores y la música, la cual percibe mediante las vibraciones del suelo o de los instrumentos al ser tocados.

Cuando su hijo Johnny nace, el espectador es testigo de su lado más tierno y protector. Tan sólo le preocupa que oiga y hable sin problema alguno y, efectivamente, así es. Considera, a pesar de la violación, que su nacimiento es una bendición, pues con él termina esa soledad en la que siempre había vivido.

ESTRATEGIAS LOGOPÉDICAS QUE SE EMPLEAN


Belinda, hasta el momento en que el doctor aparece, sólo se comunicaba interpretando los gestos faciales de su interlocutor, pues no contaba con ningún tipo de herramienta lingüística. Para entenderse con ella en sus labores, su padre dibujaba rallas, cruces y círculos con los que identificaba a cada uno de los ganaderos, así como el número de sacos que entraban y salían del molino, responsabilidad que Belinda tenía. Cada trabajador tenía una marca y, por muchas que fuesen, ella las conocía todas.

A la llegada de Robert, comienza a aprender palabras sencillas pero, al mismo tiempo, muy recurrentes teniendo en cuenta el ambiente en el que se desenvuelve: agua, árbol, gallina, gallo, etc. Complementa el signo junto a la palabra correspondiente, animándola a leerle los labios para lograr hacer la asociación necesaria. A partir de entonces, su seria expresión comienza a denotar felicidad al empezar a comprender y poder ser ella misma quien exprese a los demás aquello cuanto quiere. Pero, además de las palabras, aprende nociones algebraicas, lectura y escritura, pues no había recibido ni la más básica educación. De ahí en adelante, se ayuda de la lectura labiofacial y de los signos basados en el sistema del abad de L´Epée, por el que cada palabra tiene un signo. Signos que, desde ese momento, permiten no sólo que se comunique sino también que participe en las actividades del pueblo, integrándose más en el mismo.
En definitiva, para Belinda el sistema de comunicación que el doctor le ofrece es el camino hacia un mundo que le era totalmente innacesible, imprevisible, y del que había preferido permanecer aislada. Sin embargo, los signos le proporcionan la alegría de saberse comprendida y de poder expresar todo aquello que, desde hacía años, estaba deseando decir.

MENSAJES QUE TRANSMITE LA PELÍCULA 

La figura en torno a la que gira toda la trama cumple con una serie de estereotipos de los que el cine, a lo largo de los años, se ha valido para representar a personajes con algún tipo de discapacidad. En primer lugar, Belinda es un joven guapa, dulce y cuya aparente debilidad inspira compasión. Su indefensión la convierte en una víctima fácil para desalmados como Locky McCormick. Por otra parte, vive apartada del bullicio de la ciudad, en una granja aislada que la enclaustra todavía más en la profunda soledad e incomunicación en la que vive.

La idea de que el deficiente auditivo no es apto para la institutonacionalización, por tratarse de una persona poco lúcida y sin opciones de recuperación, es otra de las retrógradas concepciones que refleja esta película. Una mentalidad que choca con la visión actual que existe sobre el colectivo sordo pero que, en la que época en la que está producida esta obra, era tristemente predominante, especialmente en entornos rurales. Lo curioso es que en el largometraje no sólo se duda de la inteligencia de Belinda, sino también de su hijo, como si se tratase de una epidemia contagiosa.

El médico representa el polo opuesto; una persona adelantada a su época que trata de llevar al máximo las capacidades de Belinda y que confía en las extraordinarias aptitudes de ésta. Aunque quizás también movido por la pena que le causa la situación de la muchacha, se entrega plenamente en su formación educativa. Al hacerlo, rompe con ese mito que asocia sordera y baja inteligencia, poniendo en evidencia a todos los personajes que, a lo largo del film, habían tratado a la campesina como a alguien incompetente, inútil, tan sólo válido para las actividades más puramente físicas y sin el menor requerimiento cognitivo o intelectual.

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.