“No me chilles que no te veo”, (1989)
Sinopsis

Para esta comedia de 1989, Arthur Hiller elige como protagonistas a Wally (Richard Pryor), quien es ciego, y Dave (Gene Wilder), sordo. La pareja se conoce en el pequeño quiosco de David, quien termina contratando a Wally para que le ayude a gestionarlo. Ambos consiguen compenetrar sus peculiares personalidades y juntos se hacen cargo del puesto de prensa.

Es precisamente en este escenario donde un día se produce un asesinato del que ambos se convierten en testigos únicos y principales sospechosos. A partir de este momento, se desencadena una frenética persecución cuando escapan de la comisaría para probar su inocencia encontrando a los auténticos asesinos, una banda de despiadados criminales. Para poder sobrevivir, tendrán que ayudarse mutuamente, compensando las dificultades de uno y otro con sus mejores habilidades y sentido del humor.

Descripción del personaje sordo

Dave Lyons tiene un carácter algo cascarrabias, con frecuentes reacciones de malhumor, especialmente con Wally, quien le saca de la tranquilidad de su día a día y le hace vivir situaciones límite, todas ellas jugando con el factor de la sordera y ceguera de ambos protagonistas. Es con este personaje con quien mantiene las conversaciones más profundas de la película, en las que se muestra la verdadera personalidad de Dave.

De este modo, se descubre lo que piensa y siente: que nadie ayuda a los sordos. Argumenta que, al contrario que a los ciegos, a ellos la gente les trata “como si pudiesen contagiarse, como si tuviesen la lepra”, dice literalmente. Su situación le resulta dura, puesto que él había sido oyente y, tras empezar a quedarse sordo, su mujer le abandona y se ve obligado a renunciar a su trabajo como actor. Se enfurece cuando se ve en la necesidad de explicar su problema y sufre cuando otros intentan comprobar si es capaz de oír algo, ya que él sabe que esto es imposible. Todo ello le lleva, en ocasiones, a un  aislamiento más producido por sus deseos de estar solo y distante que por su propia discapacidad. De hecho, en una determinada escena, Wally hace alusión a su estado de ánimo haciendo uso del término “amargado”.

Aunque lo hace de un modo jocoso y sarcástico, niega su discapacidad hasta el punto de evitar por completo la etiqueta de sordo. Se justifica argumentando que es capaz de leer los labios y que ello le permite compensar su deficiencia auditiva.

Causa de la deficiencia auditiva

Dave no es sordo de nacimiento. Su audición era perfecta hasta que, en el instituto, se contagia de escarlatina. Esta enfermedad infecciosa no es propia de los lactantes pero sí puede aparecer en niños desde los 5 a los 12 años, aproximadamente. No obstante, puede afectar a edades más tempranas y adultos, aquejando por igual a ambos sexos. Si no se administra ningún tratamiento, puede dar lugar a infecciones de oído y de los senos nasales. Quizás esto provocó la incipiente pérdida auditiva sufrida.

Sin embargo, Dave, que tiene un torno a unos 35 años, confiesa a su amigo que desde hace ocho la sordera se había convertido en profunda. Tal y como nos permite apreciar la famosa escena en la que él y Wally tratan de rescatar del fango el coche de policía que han robado, no cuenta con restos auditivos, ya que es incapaz de apreciar el más mínimo sonido a pesar de que su compañero le grita a escasos centímetros de su oído.

Apoyos que se emplean para compensar la deficiencia auditiva

Dave se ayuda de la lectura labial. Sin embargo, esta es una estrategia que, además de resultar tremendamente complicada, entraña múltiples dificultades. Tanto es así que se considera ineficaz en sordos profundos sin restos auditivos como en el caso de este personaje, a pesar de ser adulto postlocutivo (puesto que para un niño prelocutivo este método se descarta por su complejidad y por el desconocimiento del lenguaje). Evidentemente, el cine no toma esto en cuenta.

En cuanto a la dificultad que representa el entrenamiento en esta técnica, conviene destacar el que precisa de la motivación y las habilidades sociales de quien la emplea. Asimismo, es agotadora cuando se utiliza durante periodos de tiempo prolongados, como sucede con nuestro protagonista, y puede ponerse en práctica a una distancia de unos 4 metros como máximo. De la misma manera, requiere de la destreza suficiente como para hacer uso de ella en distintas posiciones.

Para que la lectura labiofacial sea útil, el interlocutor debe hacer movimientos articulatorios claros, sin gritar, mirando directamente a la cara, evitando muecas y con un habla fluida. Es conveniente que se proporcionen claves en la conversación y que, en caso de que algo no se entienda, no se repita una sola palabra sino la frase completa; si fuese necesario, en lugar de repetir varias veces una misma palabra que resulte conflictiva, es mejor optar por cambiar de término.

Con respecto a los problemas que acarrea, podemos pensar en cuatro factores que influyen de forma notoria: el entorno (la iluminación, el movimiento de las personas, el ruido ambiental,…), el hablante (la interposición de objetos delante del rostro, la distancia, la velocidad de habla, la posición, la vocalización, la expresión facial, la presencia de elementos como gafas, bigote, etc. ), el mensaje (estructura gramatical correcta, falta de conocimiento del vocabulario, expresiones utilizadas, cambios de conversación) y el lector (su capacidad de atención, paciencia,…). Como se ha apuntado anteriormente, este último precisa de restos auditivos pero también de un buen nivel de lenguaje.

A pesar de todo ello, el conocimiento del contexto, de la situación y del tema del que se esté hablando, facilita la lectura ya que permite al lector adivinar parte del mensaje. Sin embargo, las situaciones que vive Dave en el film no son predecibles ni se ajustan a su ambiente cotidiano, por lo que estas herramientas tampoco le ayudan. Pero sí lo hace el conocimiento que posee de la lengua oral y, sobre todo, la interpretación de las expresiones faciales ya que, en ocasiones, se ve cómo tiene que entender determinadas circunstancias en base a los gestos mímicos de Wally.

Los párrafos anteriores nos dan una idea de cómo la lectura labial no es el sistema de comunicación más apropiado para esta persona y relevan que, de tratarse de una historia verídica, seguramente no utilizaría este método sino, muy posiblemente, algún tipo de audífono o implante coclear. Además, en la película Dave suele desenvolverse con soltura gracias a la lectura labial y sólo se pierde si le hablan muy deprisa o si no le miran, algo que no encaja del todo con la realidad.

Actitudes de los demás personajes hacia la persona sorda

Las primeras escenas muestran una ciudad de Nueva York ajetreada, ruidosa y repleta de gente que corre de un lado a otro; un ambiente en el que un individuo como Dave se siente completamente perdido. Sus únicos aliados son los letreros luminosos que le indican cuándo debe cruzar, pues transeúntes y conductores le insultan y recriminan por molestar, sin caer en la cuenta de que se trata de alguien sordo.

A medida que la película avanza, aparecen personajes que representan fielmente el modo en que muchas personas suelen dirigirse a los no oyentes: hablan despacio, casi silabeando, como si conversasen con un niño pequeño o como si el deficiente auditivo fuese, además, tonto. Abusan de gesticulaciones, se ayudan del movimiento de sus manos para explicar las cosas y denotan un cierto nerviosismo por no saber cómo comunicarse con éstos. Además, el director se vale de estos personajes para, en clave de humor, parodiar la discapacidad y bromear con lo que implica un problema como la sordera.

En último lugar, encontramos a la ex mujer de Dave. Tal y como éste cuenta, le abandona en el momento en que se queda completamente sordo. Aunque la reacción de causa en el espectador un rechazo inmediato, muestra la realidad que viven muchas familias con este tipo de problema, en las que no siempre resulta fácil asumir la nueva situación en la que ahora se encuentran inmersos.

Imagen que se ofrece acerca del colectivo sordo

Una de las ideas a destacar en este apartado es la negación del problema por parte de la persona sorda. Ésta no quiere que se la trate como a alguien diferente y normaliza su discapacidad hasta tal punto de que intenta vivir como si no tuviese problema alguno y, puesto que se trata de una comedia, esto lleva a situaciones absurdas. Pero más allá de la gran pantalla, la película refleja ese frecuente sentimiento de rechazo a admitir la sordera o a recibir ayuda (profesional, recursos adaptativos,…). Del mismo modo, se revela el miedo a ser juzgado, lo que lleva al aislamiento, o bien, a la relación con personas que experimentan una situación similar (tal y como sucede en esta película, donde los dos personajes principales saben bien cómo se siente el otro, se comprenden e identifican).

Pero también es importante hablar de esa teoría que, a menudo, se transmite en torno a las personas con problemas de audición y a ese falso mito por el que se las atribuye una extraordinaria capacidad para la lectura labial. Aunque, como se ha apuntado con anterioridad, es cierto que “No me chilles que no te veo” no logra reflejar con total fidelidad la problemática que implica este método, a diferencia de otras películas en las que también aparece el uso de este recurso, el film sí muestra la dificultad de la lectura labial cuando no hay intención comunicativa por parte del emisor. Este detalle hace al espectador más consciente de su implicación en el acto comunicativo y de la necesidad de facilitar éste con todos los medios a su alcance cuando el interlocutor sea alguien sordo.

 

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.