“Hijos de un Dios menor”, (1986)

El análisis que hoy os ofrecemos es el de “Hijos de un Dios menor”, una película de gran repercusión en su día que, todavía hoy, sigue constituyendo uno de los ejemplos cinematográficos de mayor interés para los logopedas y especialistas en trastornos de la audición. Si no lo habéis hecho y tenéis la oportunidad de hacerlo, os animamos a verla. ¡No olvidéis las palomitas!

Sinopsis

James Leeds, con un impresionante currículum tras haber trabajado en los mejores colegios y proyectos para personas con discapacidad auditiva, encuentra empleo en un colegio para sordos. A pesar de las negativas del director del centro, emplea originales métodos que, aunque poco ortodoxos, logran su principal objetivo: que los alumnos aprendan la lengua oral y esto les ayude a desenvolverse con más facilidad en un mundo mayoritariamente oyente. Allí conoce a Sarah (interpretada por Marlee Matlin, cuyo papel en esta película le supuso el Óscar en 1986), una antigua alumna y ahora limpiadora del colegio de la que se enamora.

Cuando James logra por fin acercarse a ella, trata de convencerla para que se una a sus alumnos e intente hablar, pero ella se resiste a hacerlo prefiriendo escudarse en sus signos y en el aislamiento que su trabajo propicia. El reto profesional que les une termina convirtiéndose en una intensa relación amorosa que, aunque lejos de resultar fácil, consigue que el misterio y la frustración que envuelven a Sarah se vayan contagiando del optimismo y la alegría que caracterizan a su pareja. Así, uno y otro empezarán a luchar para que el ruidoso mundo de James y el inmenso silencio de la joven puedan encontrar un equilibrio.

Descripción del personaje sordo

Aunque el porcentaje de personajes que aparecen en “Hijos de un dios menor” es mayoritariamente sordo, nos centraremos en la figura de Sarah, protagonista principal en torno a la que gira la historia.

Sarah tiene 25 años pero posee la rebeldía propia de una adolescente que no admite normas. Su fuerte carácter y tozudez hacen que llegar hasta ella sea tremendamente complicado. Prefiere la soledad y conformarse con un trabajo que le da dinero suficiente como para ser independiente, razones por las que le gusta su empleo como limpiadora, el cual le permite encerrarse entre las paredes de la escuela y no exponerse al mundo exterior. Teme que al hacerlo los demás la rechacen como tantas veces a lo largo de su vida lo han hecho. Ante este miedo, reacciona poniéndose una máscara que finge el orgullo de ser sorda (como demuestra en un diálogo en el que asegura que le gustaría tener hijos sordos) y la negación del sufrimiento que esta situación le causa.

James siente curiosidad por lo que en realidad esconde esa actitud y trata de ayudarla. Sarah, creyéndose autosuficiente, se niega a aprender y reacciona de manera hostil e imprevisible. Pero las continuas muestras de atención y amor de James sacan a relucir su verdadera fragilidad y necesidad de cariño. Una necesidad que, hasta ahora, saciaba con el sexo; se infravaloraba dejando que los chicos actuasen a su antojo y conseguía que con su cuerpo no hubiese diferencias entre ella y una oyente. Hasta el momento en que conoce a James, éste había sido su refugio porque no requería de presentaciones ni palabras.

A medida que la película avanza y se va consolidando la relación entre los dos protagonistas, Sarah se presenta más alegre y despreocupada; pasa de sentirse víctima a aceptar con madurez el hecho de que no pueda oír. Pero las discusiones que surgen cuando James insiste en que hable, la devuelven al desequilibrio emocional en el que a menudo se encuentra inmersa.

Causa de la deficiencia auditiva

La protagonista es sorda profunda. El director de la escuela, Dr. Curtis Franklin, la define como “dura de oído”. Declaraciones como “está completamente sorda, nació así” son la única pista que la película ofrece en relación a la etiología del trastorno auditivo de Sarah. Es también este hombre quien asegura que el colegio despertó su inteligencia después de que, a los 7 años, fuera diagnosticada de retraso mental. Por descabellado que parezca, esta confusión no es tan extraña; un niño que no comprende, no reacciona y no logra expresarse puede hacer que se dude acerca de su capacidad cognitiva.

Por lo tanto, al no contar con ninguna información más que arroje luz acerca de la causa de la sordera prelocutiva, podemos pensar en factores prenatales, perinatales y postnatales, tales como infecciones (encefalitis, meningitis, rubeola, tuberculosis, toxoplasmosis…), ototóxicos, traumatismos, etc.

Estrategias de comunicación que se emplean para compensar la deficiencia auditiva

Aunque Sarah, tal y como ella dice, cuenta con dotes suficientes como para comunicarse de manera oral, prefiere emplear la lengua de signos, donde demuestra un excelente manejo. Con ella se siente cómoda porque, entre otras razones, la emplea con personas que también sufren deficiencia auditiva.

Pero el profesor no cesa en su intento y, en lugar de usar signos, intenta hablar para que se vea obligada a leer sus labios. Lo hace despacio, con paciencia, sabiendo que si lo logra su integración en el mundo oralista podrá ser más fácil. Sin embargo, sólo consigue que Sarah se enfade y no muestre el más mínimo interés por usar su voz. Finalmente, James descubre la razón de su reticencia a desarrollar habilidades orales: ya lo intentó años atrás y a cambio tan sólo recibió burlas que la ridiculizaron. A pesar de que ni siquiera sus amigos habían intentado aprender su sistema de signos, ella había encontrado el valor para querer hablar y las consecuencias de ello resultaron ser desastrosas.

Aceptar su negativa resulta complicado para James ya que está convencido de que hablar es el paso definitivo que debe atreverse a dar Sarah. Por esta razón, surgen continuas disputas entre la pareja. Una de esas ocasiones, la joven estalla emitiendo a gritos sonidos de rabia e impotencia. La consecuente ruptura hace que James se dé cuenta de que ha alejado a Sarah obligándola a que emplee una forma de comunicación que rechaza en rotundo, ya que trae a su memoria un profundo dolor. Por esta misma razón, y a pesar de una reconciliación que pasa por el respetar sus deseos y comprender cómo se siente, Sarah sigue haciendo uso de los signos hasta la última escena.

Actitudes de los demás personajes hacia la persona sorda

El director del colegio, Dr. Curtis Franklin, protagoniza uno de los primeros diálogos de la película con un sorprendente consejo hacia James: centrarse únicamente en que los sordos se desenvuelvan mejor, ya que cualquier otra idea revolucionaria o concepción novedosa no es más que una utopía. El profesor, como personaje antagónico a esta mentalidad retrógrada, desatiende la advertencia puesto que es un hombre inconformista que no está dispuesto a doblegarse. Así, a pesar de las dificultades iniciales que encuentra para motivar a los adolescentes a los que imparte clase, pone en marcha una multitud de recursos que ayuden a estos chicos a hacer uso de sus restos auditivos y a que la idea de emplear su voz les resulte altamente motivadora.

Merece la pena detenerse con algo más de profundidad en cómo es el trato que ofrece a sus alumnos, quienes también son sordos. Al comprobar que todos se apoyan en la lengua de signos, se empeña en que descubran su voz y se instruyan en el aprendizaje de la lectura labial, al estar convencido de que sólo así podrán salir de su aislamiento. Para ello les hace comprender la importancia de hablar sirviéndose de curiosos y divertidos ejemplos, pero también de situaciones cotidianas en las que es fácil comprobar los beneficios que la lengua oral puede reportarles. También se ayuda de la lectura, la repetición silábica y la música. Gracias a las vibraciones que ésta produce llega a conseguir que sus alumnos canten, ayudándoles con recursos para que no pierdan el ritmo.

Pero estos avances no los toma como méritos propios sino que es consciente de que son posibles gracias al enorme potencial de sus chavales. Un potencial que también supo apreciar en Sarah Norman, por lo que propone a Franklin que reciba también sus clases; él argumenta que la joven ha sufrido mucho y que ahora por fin es feliz en su trabajo, ya que con él puede pagar sus impuestos. Tras la declaración, atónito, James le asegura que las dificultades auditivas son evidentes pero no suficientes como para que no pueda lograr lo que se propone, que hable. Así, el personaje de James nos acerca a la educación que reciben las personas sordas en centros específicos; personifica las actitudes más positivas y constructivas de la película, fomentando la independencia y autonomía no sólo de Sarah sino de todos sus alumnos y poniendo plena confianza en sus capacidades de aprendizaje y desenvolvimiento.

Cuando comprueba que sus alumnos logran hacer realidad ese difícil reto de hablar, siente una gran impotencia al no poder conseguirlo con Sarah. Leer los labios y emitir voz son, a su parecer, la única forma de que pueda valerse por sí misma y evitar que los demás sientan lástima por ella. Es entonces cuando la guapa protagonista le reprocha su actitud dominante y controladora que, en lugar de ayudar, pretenderle cambiarla sin respetar lo que ella pueda querer. Y siendo así, le dice, le será imposible entrar en su silencio y conocerla de verdad. Así que incluso a pesar de la gran formación que posee, James demuestra una escasa empatía a la hora comprender cómo pueden llegar a sentirse las personas con problemas de audición.

En el seno familiar de Sarah se aprecian actitudes de obligada mención antes de dar por acabado este título. Su madre, a lo que no ve desde hace años, explica que no se veía capaz de cuidarla, no sabía cómo hacerlo. Mientras, su padre, se sentía culpable, fracasado y nunca fue capaz de aceptar a su hija. Esto hizo que entre el matrimonio la distancia fuese cada vez mayor, algo que Mrs. Norman nunca pudo perdonarle a su hija Sarah. De ahí que tomara la decisión de enviarla fuera de casa, algo que trata de enmendar al final del largometraje, retomando la relación y haciendo que ésta encuentre el apoyo que nunca tuvo por su parte.

Imagen que se transmite acerca del colectivo sordo

El sexo como búsqueda de integración es uno de los temas que no se deben pasar por alto a la hora indagar en los mensajes ofrecidos por este film. Sarah mantiene relaciones con todos los chicos que conoce a través de su hermana, ya que son muchos los que se ven atraídos por su espectacular físico. Ella, satisfecha sabiendo que en estos términos la comunicación deja de ser un problema, trata de utilizarlo para demostrar que puede ser tan placentera como una oyente aunque, en realidad, es consciente del vacío de estas experiencias. Pero incluso cuando empieza su relación con James, recurre al sexo cuando se siente agobiada, como forma de solucionar sus problemas.

La película concede especial importancia a los sentimientos que la persona sorda desarrolla hacia su discapacidad. En el caso concreto de Sarah se pone de manifiesto la frustración, el miedo al rechazo, la vergüenza y la inseguridad. Las airadas reacciones a las que llevan estas emociones se reducen cuando James le ofrece todo el amor del que había sido privada por su familia y amigos. Con él, por primera vez, se siente querida y respetada y olvida esa continua preocupación por lo que los demás puedan pensar de ella (sobre todo, el miedo a que la consideren estúpida).

La preferencia por la lengua de signos frente a la lengua oral y viceversa es otro de los temas más relevantes. En defensa de la primera, Sarah; a favor de la segunda, James. La película no se inclina por ninguna las dos y permite que sea el propio espectador quien mida su eficacia en una balanza. Pero sí muestra ventajas de cada una de ellas; las múltiples posibilidades educativas que ofrece la lengua de signos o el desarrollo del habla como opción que permita la integración de las personas sordas son sólo un ejemplo.

Como se ha apuntado, los conflictos que surgen entre los protagonistas se producen por las dificultades que encuentran para comprenderse. Sí, los dos pueden entenderse a través de los signos pero, sin embargo, su problema no reside en el sistema de comunicación sino en la empatía; ésta es la única barrera que se interpone entre ellos. James, cegado por su empeño de hacer que Sarah hable, no logra ver que a ella le resulta verdaderamente incómodo y doloroso oír su voz, pues le recuerda a las vejaciones que sufrió cuando intentó hablar siendo una adolescente. Ella, por su parte, no sabe apreciar el amor y la ayuda de James, y cree que todo lo que él hace está movido por su ego y un sentimiento de compasión. Por lo tanto, se nos presenta un problema real, el no saber ponerse en lugar del otro, algo que puede darse en cualquier pareja. Si a este hecho le sumamos además la naturalidad de los ambientes y personajes que aparecen en la película caemos en la cuenta de que el reflejo que se hace de las personas con discapacidad auditiva es el de la plena normalización, de ahí que se les atribuyan los mismos trances que podrían surgir entre oyentes, tales como las discusiones de pareja o las peleas entre amigos.

Con respecto a los personajes más secundarios que, recordemos, son casi todos sordos, es preciso decir que contribuyen notablemente a que el espectador pueda comprobar cómo viven las situaciones cotidianas (ocupaciones, aficiones, formación académica,…) que se dan en su día a día. El resultado de esta reflexión es evidente: con la misma naturalidad con la que lo hace alguien sin problemas auditivos sólo que, en este caso, empleando los apoyos necesarios para facilitar aquellas tareas en las que aparecen complicaciones.

En este punto es necesario sacar a relucir las actitudes optimistas y luchadoras de muchos de esos personajes, cuyos roles son menos significativos en la trama pero tienen una gran relevancia a la hora de hacer ver cómo es una persona con problemas auditivos. Alumnos como Lydia, Cheryl o Glen, aunque reacios al principio a emplear su voz, personifican la autosuperación y el esfuerzo por conseguir manejarse en un sistema de comunicación que les permita su más plena inclusión en la sociedad. Estos tres estudiantes, en contraposición a Sarah o Johnny -otro de los alumnos del profesor Leeds- ayudan a mostrar el amplio abanico de posturas con las que enfrentarse a la discapacidad, tantas como personas diferentes existen.

Como conclusión de todo lo comentado anteriormente, “Hijos de un dios menor” supone un punto de inflexión en la visión que el cine transmitió durante muchos años acerca de la deficiencia auditiva, representándola con personajes cargados de estereotipos entre los que destacaba la vinculación a una capacidad intelectual limitada. La cotidianidad de los problemas que presenta esta película hace, sin duda, que la imagen de la persona sorda sea más normalizada e inclusiva.

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.