“Mi querido Frankie”, (2004)

En el artículo de hoy analizaremos una película que, aunque no ha brillado por su calidad cinematográfica, creemos interesante a la hora de analizar la imagen que el cine transmite acerca de la discapacidad auditiva.

En 2004, la directora Shona Auerbach decide contar la historia de Frankie Morrison, un niño que va de ciudad en ciudad huyendo junto a su madre y su abuela por temor a que el padre del pequeño les encuentre. Éste los maltrató brutalmente, por lo que Lizzie inventa un personaje ficticio que, a través de cartas, sacia las enormes ansias de Frankie por mantener el contacto con su padre. Es ella quien escribe las cartas en su nombre, haciéndose pasar por marinero de un barco imaginario que viaja por todo el mundo. Pero este barco en realidad existe y, tal y como anuncian los periódicos, atracará en un par de días. Ante la duda de si contar la verdad a su hijo o seguir protegiéndole del sufrimiento que le causa no contar con la figura paterna, decide contratar a un desconocido para que se haga pasar por el padre de Frankie, al menos, por un día.

Descripción del personaje sordo

Frankie tiene 9 años, es alegre e inteligente. No muestra frustración alguna por su déficit auditivo sino, muy al contrario, hace uso de su divertida picaresca para conseguir aquello que desea sin encontrar la más mínima dificultad. Tan sólo hay algo que le impide ser feliz: el no contar con la presencia de su padre. Las cartas que mensualmente su progenitor le envía son una profunda inyección de ilusión que le hace sacar la más amplia de sus sonrisas y su lado más comunicativo.

Se enfrenta a su sordera con buen humor, algo que ejemplifica a la perfección la escena en la que uno de sus compañeros de clase escribe erróneamente en el pupitre de Frankie la palabra “sordo”, intentando herirle. Pero el protagonista, en lugar de ofenderse, con una aguda ironía, coge el bolígrafo y corrige el error mientras sonríe con sarcasmo.

Frankie también sabe emplear su condición para conseguir aquello que se propone, valiéndose de ingeniosas estrategias. La escena que merece comentarse con respecto a esto es aquella en la que, al acudir a la biblioteca y negársele la entrada, utiliza sus audífonos para conmover a la bibliotecaria quien, al verle, deja que el pequeño acceda y se lleve cuantos libros desea. Éste y otros ejemplos permiten ver cómo el niño sabe hacer de su discapacidad una ventaja con la que obtener beneficios.

Causa de la deficiencia auditiva

Frankie no nació sordo sino que “un regalo de su padre”, tal y como asegura irónicamente Lizzie, provocó la deficiencia auditiva del pequeño. Por tanto, interpretamos que padece una sordera traumática, la cual todavía le permite contar con algunos restos auditivos. Suponemos de la brutalidad de los impactos recibidos por el niño, ya que ha perdido audición de forma bilateral. Golpes propinados en cráneo y oídos pueden, sin lugar a dudas, provocar la pérdida. El tímpano, como consecuencia del maltrato sufrido, ha podido sufrir daños irreparables, así como otras estructuras del oído externo, medio e incluso interno.

Por otra parte, se sabe que la sordera apareció después de que Frankie hablase, ya que la abuela del niño asegura que voz es perfecta. También podemos saberlo gracias a que, casi al final de la película, Frankie pregunta a su padre ficticio si volverá; formula la pregunta con dificultades pero con una inteligibilidad prácticamente inalcanzable de haberse tratado de alguien prelocutivo.

Apoyos que se emplean para compensar la deficiencia auditiva

En primer lugar, Frankie es un excelente labiolector. Una vez más, la persona sorda cumple el infundado mito de tener unas capacidades extraordinarias para llevar a cabo la lectura labiofacial, a pesar de tener sólo 9 años. Su madre asegura que es brillante al hacerlo y, efectivamente, lo es cuando las enormes distancias entre él y su interlocutor parecen no afectarle, como tampoco lo hace el mantener una conversación rodeado de ruido ambiental. Bien es cierto que como sordo postlocutivo con restos auditivos puede serle una técnica útil pero, desde luego, no suficiente como para basar en ella la comprensión comunicativa. Por esa razón, posee audífonos, aunque trata de ingeniárselas para no llevarlos (quizás por incomodidad, por no serle de gran ayuda, por vergüenza,…la película no lo deja claro). Cuando se los pone, a menudo es sólo el derecho, por lo que deducimos que es de este oído del que sufre mayor pérdida de audición.

Las cartas que escribe a su supuesto padre son su otro modo de salir del silencio en el que su sordera le deja inmerso. A través de ellas, con las que se expresa cómodamente, la película nos permite descubrir cómo es su voz. Con éstas también se comprueba su excelente nivel lector y escritor. Las personas con déficit auditivo, a menudo, encuentran dificultades en estas tareas de lectura y escritura puesto que ambas requieren de la asociación entre grafemas y fonemas; fonemas que, si no pueden escucharse, resulta muy complicado reproducir. Teniendo esto en cuenta, y sabiendo que Frankie no tiene problemas a la hora de leer y escribir, podemos afirmar que la sordera se instauró después de que se adquiriese la lectoescritura. Algo que no encaja con la versión que ofrece la película, pues nos explica que los maltratos del padre (cuyos golpes llevaron a la pérdida de audición) tuvieron lugar cuando todavía era un bebé.

Dejando esto a un lado, cabe mencionar el uso de los signos. La mayoría parecen naturales, no pertenecientes a un sistema de signos regulado. Esto permite que pueda usarlos no sólo con su madre y abuela, sino también en otros contextos y con personas diferentes; se trata de gestos lógicos que cualquiera es capaz de deducir pero con una escasa consistencia y formalidad. Junto a éstos, Frankie realiza vocalizaciones no verbales, cortas y sencillas, con las que resulta fácil comprenderle si se interpreta la forma y posición de su boca. Aún así, cuando todo ello le es insuficiente, anota en un pequeño cuaderno aquello que desea expresar.

En resumen, el protagonista emplea herramientas expresivas y comprensivas no del todo adecuadas a sus necesidades auditivas y que, en realidad, deberían ser más bien complementos de un sistema de comunicación, ya fuese oral o no, más eficaz.

Actitudes de los demás personajes hacia la persona sorda

En primer lugar, Lizzie, la madre de Frankie, le cuida y protege hasta el punto de mantener durante años una mentira para no ver sufrir a su hijo. Llama la atención la susceptibilidad con la que suele reaccionar ante la sordera del muchacho; en una escena en concreto, ésta queda fielmente reflejada; una tendera (futura jefa de Lizzie) atiende a Frankie, quien le pide un paquete de cigarrillos para su abuela. Como ésta no se lo da, su madre regresa a la tienda para pedir explicaciones y entre ambas mantienen una conversación más o menos así: -¿Qué problema había?, ¿no le entendía? – Le entendí perfectamente. Es un chico muy listo. – ¿Para ser sordo? – No, listo para su edad. Y es que efectivamente la camarera, como la mayor parte de los personajes involucrados en la historia, muestran una actitud totalmente positiva y constructiva.

Pero, al mismo tiempo, su madre es quien lucha para que Frankie acuda a una escuela normativa, integrado dentro de una case ordinaria, asegurando que no encontrará problemas para desenvolverse con éxito. Es aquí donde conoce a amigos, entre ellos una niña llamada Catriona con la que entabla una bonita relación, y compañeros de clase como Ricky Monroe, quien disfruta insultándole y dejándole en ridículo; aprovecha cualquier oportunidad para recordarle que es sordo pero la trama de la película permite que tenga que arrepentirse de muchos de sus ofensivos comentarios pues no son más que burlas absurdas que ni siquiera cumplen su propósito, ya que para Frankie no tienen ninguna importancia.

Por último, el “padre” que contrata Lizzie para que haga tal papel durante un día, se muestra abrumado en un principio por la situación y su ignorancia al no saber cómo dirigirse a Frankie. Pero le llega a tratar con tal naturalidad que, en ocasiones, olvida mirarle directamente a la cara o le habla mientras está de espaldas. Por el contrario, hay algún otro personaje que cuando descubre que el protagonista es sordo se comporta de manera forzada; le grita, marca excesivamente las palabras, gesticula y pronuncia de forma exagerada; unas reacciones artificiales que van de la mano de la compasión y la pena.

Imagen que se ofrece acerca del colectivo sordo

En este caso, el personaje sordo acude a una escuela normativa en la que todos los demás alumnos integrantes son oyentes, pero con los que Frankie parece entenderse a la perfección. Este detalle y otras muchas de las prácticas inclusivas que se llevan a cabo en el transcurso de la película consiguen generar una imagen totalmente normalizada de este colectivo. De hecho, Frankie se presenta como un niño normal cuya sordera no busca, en ningún momento, la lágrima fácil del espectador. Todo se desarrolla con la naturalidad que merece la concepción de la discapacidad auditiva.

La idea de que la persona sorda es poco inteligente aparece también, aunque de manera más sutil. La encargada de desmontarla es Lizzie, dejando claro que el cerebro de su hijo no sufre ningún problema y que se trata de un niño con una inteligencia y astucia sobresalientes.

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.