“Un cadáver a los postres”, (1976)

En la historia del cine ha habido numerosas películas que han ayudado a elaborar una idea errónea del colectivo sordo, al cual se le asignaban características excesivamente estereotipadas que el espectador podía asumir como ciertas. Hoy analizamos un claro ejemplo de este hecho: “Un cadáver a los postres”, una producción de Robert Moore.

La trama de esta película gira en torno al millonario Lionel Twain, quien invita a cenar a su mansión a los cinco detectives más importantes del mundo y a sus respectivas parejas para que investiguen un crimen que, tal y como les anuncia el anfitrión, tendrá lugar esa misma noche. A cambio, el que resuelva el enigma recibirá un millón de dólares. Les anuncia que tanto la víctima, que tras falsas pistas parecerá tratarse del propio Twain, como el asesino están presentes en aquella cena, algo que no extraña puesto que todos ellos habían mantenido de uno y otro modo una relación complicada con Lionel.

En esta alocada historia repleta de situaciones absurdas en las que nada resulta ser lo que parece, el personaje sordo juega un destacado papel junto al mayordomo ciego de la residencia, quien responde al curioso nombre de James Señor Benson Señora. Se trata de la cocinera de la mansión (interpretada por Nancy Walker), una mujer entrada en años que no oye, no habla y tampoco sabe leer. Para expresarse, utiliza las notas que otros escriben por ella o se ayuda de gestos. De su mano podemos ver esa duda acerca de la capacidad intelectual de las personas con deficiencia auditiva. Aunque de manera sutil, se hace alarde de esta errónea idea en escenas en las que otros personajes se dirigen a Yetta (que así se llama) a gritos, hablan de ella en su presencia o se da a entender que, por el mero hecho de no oír, es incapaz de comprender lo que sucede en determinadas situaciones.

Asimismo, la película homenajea y critica a partes iguales al género detectivesco o policíaco, empleando para ello esperpénticos personajes cargados de estereotipos como lo son James Señor Benson Señora o Yetta. Ambos parodian la discapacidad visual y auditiva protagonizando divertidos diálogos y escenas disparatadas. Pero todos los tópicos de los que hace uso “Un cadáver a los postres” están escogidos hábilmente con la intención de satirizar los clichés de las novelas de detectives; el mejor ejemplo de esto es que el personal de servicio lo forman un hombre ciego y una mujer sorda, figuras muy recurrentes en el cine de terror y que esta vez pasan a formar parte del género de la comedia para servir como crítica a todas aquellas ocasiones en las que el personaje ciego o sordo se convierte en el principal sospechoso o en la víctima perfecta de un caso policiaco, tal y como sucede en múltiples obras literarias y cinematográficas.

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.