Descartada la relación entre vacunas infantiles y autismo

Recientemente, se ha publicado un estudio en el que un importante grupo de epidemiólogos, encabezados por Luke E. Taylor, Amy L. Swerdfeger, y Guy D. Eslick, trataba de encontrar una posible relación entre las vacunas infantiles y el riesgo de padecer autismo, una teoría con la que se especulaba hasta hace poco tiempo. Los resultados han sido concluyentes: no existe relación alguna que explique las vacunas como causa del autismo.

Son muchos los que, por miedo a que sus hijos pudiesen desarrollar autismo, preferían no vacunar a los niños. ¿La razón? La creencia de que el timerosal, un componente derivado del mercurio presente en las vacunas múltiples, era el culpable de la aparición de ese trastorno. Esto no sólo supone un planteamiento erróneo, puesto que no existe ningún estudio que lo apruebe, sino que también es perjudicial y peligroso. Tanto es así que una editorial de la revista New England Journal of Medicine, en 2007, aseguró lo siguiente:

“La idea de que el timerosal causó el autismo ha dado lugar al desarrollo de una industria ca­sera de charlatanes que ofrecen falsas esperanzas, en parte en forma de agentes quelantes de mercu­rio. En agosto de 2005, un niño autista de 5 años fa­lleció de una arritmia causada por la inyección del agente quelante EDTA (ácido etilendiaminotetraacético). A pesar de que la noción de que el timerosal causa el autismo ya ha sido descar­tada por bastantes excelentes estudios epidemioló­gicos, alrededor de 10.000 niños autistas en Estados Unidos reciben quelantes de mercurio cada año.”

Los autores del mencionado estudio, publicado en la revista Vaccine, y que ha contado con la presencia de más de un millón de niños, han vuelto a descartar por completo esta falsa relación. Han confirmado una vez más, y parece que de manera definitiva, que las vacunas no están asociadas con el autismo ni con ningún otro trastorno relacionado.  Del mismo modo, han asegurado que la composición de las MMR (vacunas múltiples) y el timerosal de mercurio no guardan relación con el desarrollo de ningún trastorno de autismo.

Y puesto que además de investigadores son padres aseguran que, aunque confían plenamente en los resultados obtenidos, pueden entender la preocupación de los padres al pensar en los posibles efectos secundarios de las vacunas. Precisamente por esa razón, creen que la respuesta no debe ser evitar las vacunas sino, más bien, actuar sobre los efectos secundarios que éstas provocan. Así, recomiendan a todos aquellos padres que detecten efectos extraños en sus hijos tras la aplicación de una vacuna, que consulten a su médico de cabecera y/o se pongan en contacto con el centro de efectos adversos de vacunas que tengan más cercano.

Si os apetece leer la noticia completa, la encontraréis pinchando aquí

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Ser logopeda es tener la inmensa suerte de ver cada día los ejemplos de superación y lucha de quienes dan sentido a esta profesión.